Una nueva realidad

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En un país ya paralizado por la devastación medioambiental y el caos económico, los haitianos no están preparados para la desesperación que trae consigo Covid-19. Es un momento preocupante para la gente y la iglesia de todo el país. Pero la desesperación va acompañada de una obstinada sed de esperanza y de voluntades dispuestas a rendirse ante algo más grande que una crisis mundial. Herode Guillomettre (o Pastor Guillo, como se le conoce) es un misionero en Haití que ha tenido innumerables encuentros con personas dispuestas a saciar esta sed.

Guillo era estudiante de seminario y ya había estado sobre el terreno, plantando iglesias y formando discípulos, cuando un misionero de Missions Door vio su pasión por hacer avanzar el Reino. Tomó a Guillo bajo su protección y le pidió que fuera su mano derecha en el ministerio. Después de recibir tutoría y formación, Guillo fue nombrado oficialmente Coordinador Nacional del Ministerio de Haití por Missions Door en 1991. Desde entonces, Guillo ha plantado diecisiete iglesias y cinco escuelas en todo Haití y actualmente supervisa a todos esos pastores.

"Cuando llegó el virus, seguimos trabajando como antes", dice Guillo. "El virus es una nueva realidad". La pandemia supone un gran reto para la pobreza, pero Guillo y los demás pastores siguen caminando en la fe de todos modos. "Esto es lo que hacemos".

Tras el primer caso positivo del virus, el 19 de marzo, se prohibieron los servicios religiosos. El Presidente Haitiano declaró estado de emergencia y ahora no se permiten reuniones de más de diez personas a la vez, o tendrán una pena de persecución legal, aunque algunas iglesias no siguen necesariamente estas directrices. Todas las iglesias que Guillo ha plantado se dividen ahora en grupos de diez o menos personas para orar, aprender sobre las Escrituras y estar en comunidad unos con otros. Todas llevan máscaras y toman precauciones. La tradición de la Iglesia siempre ha sido servir al pueblo, y las iglesias de Guillo lo hacen bien. Todos comparten la comida que tienen con los necesitados.

Un virus entre mayores preocupaciones

COVID-19 tardó en llegar a Haití. Gran parte del mundo ya se había visto gravemente afectado cuando Haití vio su primer caso. Muchos haitianos habían estado trabajando en la República Dominicana, Estados Unidos y otros países para mantener a sus familias desde el extranjero, pero a medida que aumentaba el número de casos positivos en todo el mundo, la gente se veía obligada a marcharse y regresar a Haití. Las deportaciones están disparando el número de infecciones, desbordando el sistema sanitario y dejando a muchos sin la oportunidad de buscar asistencia médica.

El virus es una de las mayores preocupaciones, ya que están surgiendo nuevos grupos de bandas violentas en todo el país. Las bandas están dotadas de fuerza, número y armamento, no así la policía nacional.

Durante muchos años, las pandillas de Haití han estado dirigiendo el país junto al gobierno; el miedo y el estrés que sufre actualmente el pueblo Haitiano actúan como combustible para que estas pandillas delictivas se hagan más fuertes.

Las bandas suponen una amenaza especial contra las iglesias, a las que roban rápidamente el material y se apoderan de su residencia. Esto nos toca de cerca, ya que uno de los amigos de Guillo, pastor, fue atacado recientemente por una banda. Le robaron altavoces y otros equipos de comunicación y le obligaron a abandonar su iglesia. La policía no está preparada para contraatacar, así que cualquier pastor que pierde su iglesia a manos de una banda tiene que pagar grandes sumas de dinero a abogados para intentar recuperar la propiedad de la iglesia.

Una fe vinculante

La devastación, la agitación y un futuro impredecible fomentan la preocupación y el estrés. Pero con total confianza, Guillo habla de la fidelidad de nuestro Señor. "Veo el rostro de Dios en todas partes. Él camina de diferentes maneras, en todas las circunstancias. No podemos limitar a nuestro Dios". Guillo ve pruebas de ello en todas partes y está seguro de que más gente acudirá a la iglesia cuando se permita la reapertura de los edificios. Más que nunca, la gente quiere que las puertas de la iglesia estén abiertas.

La penuria no es un concepto nuevo para Haití, pero tampoco lo es una fe fuerte y vinculante. Existe una necesidad común de esperanza y oración junto al desastre. Guillo dice que "la mayoría de la gente no es cristiana, pero cree en la oración".

A la casa y al despacho de Guillo acuden cada día desconocidos en busca de comida, oración y respuestas, sabiendo que es pastor y reconociendo la innegable luz que emana de su familia. En su casa y en su oficina, la gente puede encontrar consuelo y alivio contra el hambre.

El futuro de las 17 iglesias de Guillo es difícil de planificar en estos tiempos, pero se está produciendo un evidente crecimiento espiritual en los corazones de todo el pueblo de Dios. Están aprendiendo a mantenerse en comunicación con Dios. Las familias están orando más juntas. Hay un nuevo impulso por conocer el amor implacable del Señor. Mientras los edificios de las iglesias han cerrado sus puertas, cada vez más cristianos salen a las calles para compartir la Buena Nueva. ¡Alabado sea el Señor por ello!

Se necesita apoyo y oraciones

Haití se encuentra en estado de emergencia nacional, pero no hay fondo de emergencia. Con una historia llena de crisis, el fondo de emergencia ya se ha gastado con poca previsión de reposición. Incluso después de ver la agitación del país de primera mano durante años, Guillo afirma que ésta es sin duda la peor catástrofe que ha conocido. "Nos ha llegado por sorpresa, y es una sorpresa que tenemos que gestionar".

A medida que el virus se extiende y aumenta la actividad de las bandas, Guillo se preocupa por la seguridad de su familia, su casa, su oficina y sus iglesias. "Nos trae confusión y estrés. Mucho estrés".

Lo que Guillo y su equipo de pastores están haciendo es un testimonio del amor que el Señor tiene por su pueblo, pero siguen necesitando desesperadamente oración y apoyo. Por favor, únase a nosotros mientras oramos por el avivamiento en Haití. Oramos audazmente para que la mano del Señor cubra este país, restaurando la salud en los cuerpos y su economía. Oramos por la protección de Guillo y su familia. Oramos por sabiduría mientras las iglesias y las escuelas tienen que reestructurar sus programas. También oramos para que estas pruebas se conviertan en una oportunidad para que muchos conozcan fielmente el profundo amor de nuestro Salvador.

Mientras ora, si Dios le impulsa a ayudar al Pastor Guillo y a la iglesia en Haití, su donación para nuestro Fondo de Ayuda para Haití (cuenta #92770R) proporcionará los recursos tan necesarios para alimentos, medicinas, apoyo psicológico y otras necesidades.

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